El pasado 4 de noviembre, el alumnado de 4º pudo disfrutar de un día muy especial en el bosque. En el Parque Natural de Sierra de Huétor encontramos una tierra llena de historia, naturaleza y mil aventuras por descubrir.
Mariame Rodríguez, Emma Murcia, Martina García y Leo Retamero nos cuentan sus experiencias en el siguiente informe:
"Hoy 4º A y 4º B se han ido a la Sierra de la Alfaguara, en el Parque Natural de Sierra de Huétor.
Primero, fuimos en autobús a Víznar. Allí, nos esperaban dos monitoras que nos dijeron su nombre, Mercedes y Nadia y... ¡un tren! Nos explicaron qué podíamos ver en ese tren y nos dijeron las normas con una voz muy graciosa de niño pequeño. Después, contamos hasta tres en inglés y ¡empezamos la marcha con un ritmo insuperable!

Mientras estuvimos en el "tren del patrimonio" aprendimos muchas cosas:
Primero, que mataron a Federico García Lorca cerca de Víznar. (Había una estatua con su cara y un parque dedicado a él).
Después, que Andalucía antes era mar. ¡Las montañas estaban bajo el agua! Y así, estuvimos buscando fósiles de animales marinos. También, que hay un viaducto en Víznar por el que antes pasaba el agua y que acaba en Granada.


Cerca de Alfacar vimos cómo se hacían los sonajeros antiguos con una planta y un manantial ¡con forma de gota!
Mercedes nos dijo que teníamos que tener los ojos y oídos muy abiertos para poder ver animales y escaladores. Además, jugamos a que ponían una canción y teníamos que adivinar qué película era.
Al final de nuestro trayecto vimos una especie de iglús de tierra donde los soldados de la Guerra Civil se escondían para dosificar sus esfuerzos. Pasaban tanto frío que muchos ¡murieron por hipotermia! ¡Qué triste!
Al bajar merendamos en 15 minutos y, al acabar, hicimos nuestro premio: ¡un ambientador!
Mercedes nos dijo que cogiésemos un palito y luego un bol. Nos dieron un puñado de serrín, después romero y tuvimos que hacer un hechizo para aplastarlo bien y que oliese más. A continuación, echamos lavanda y después avena. ¿Avena? Sí, era muy raro, pero nos dijo que con el polvito que quedaba nos lo frotásemos en las manos y ... ¡nos las dejaba suaves como la lana de una ovejita! Para acabar le echamos un líquido que podía oler a piruleta o a ropa fresca. Y si queremos que nos dure dos años lo podemos guardar en un calcetín o una bolsa con agujeritos.


Para terminar el día dimos un paseo por el bosque y vimos los cedros del Atlas, cómo era una piel de serpiente a vista de lupa y también cogimos los cuernos de una cabra montesa (muerta, claro). La verdad es que pesaban la vida. También visitamos la Cueva de los Pajareros, pero no entramos.


La verdad, es que aprendimos muchas cosas sobre animales y nos lo pasamos de fábula. Además, las monitoras eran muy majas.
¡Me ha encantado!"







































